10 may. 2017

Como un guante de seda forjado en hierro: Sólo ocurre en tu cabeza


Un poema. La cara que se les quedó a los primeros lectores de Como un guante de seda forjado en hierro cuando a principios de los 90 se toparon con esta historia en que Clay Loudermilk emprendía un viaje en busca de su novia Barbara Allen, a quien creía haber reconocido en las imágenes de una extraña película sadomasoquista, fue todo un poema.

Daniel Clowes es en la actualidad uno de los grandes nombres del cómic contemporáneo pero hubo un tiempo en que fue una joven promesa. Lo iba demostrando regularmente en las páginas de Eightball, la revista monográfica en la que iba publicando su obra, pero fue cuando apareció en aquellas páginas la primera entrega de Como un guante de seda forjado en hierro que el mundo le fijó la mirada. Estaban leyendo al hombre que más tarde firmaría obras como Ghost World, David Boring, Wilson o la más reciente, Paciencia.

Como un guante de seda forjado en hierro, que toma su título de una frase perdida en una película de Russ Meyer, es una obra misteriosa, incómoda, siniestra y morbosa. Es también inexplicable, al menos hasta que toma su forma completa en el inconsciente del lector. Con esa actitud receptiva debe leerse ya que fue así como se creó, sin hoja de ruta. Clowes fue escribiendo sin estructura previa, recibiendo en sus propios sueños las imágenes y las situaciones que conformarían la historia. El resultado, muy próximo a los mundos de David Lynch, desconcierta y fascina a partes iguales y su lectura es, en cualquier caso, una experiencia extraordinaria.

Si no has leído nunca este clásico magnético, haznos caso: te lo mereces. Puedes asomarte al abismo en el adelanto que te hemos preparado.

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